Conquistando las llaves del cielo Imprimir
Truchas
Escrito por Enrique de Goycoechea   
Viernes, 29 de Febrero de 2008 17:19

Sin duda el mundo conserva el poder de sorprenderme...aún estando a menos de dos horas de mi casa. Y esto en lo que a mi respecta es asombrosamente alentador .

 

Achala! Morada de dioses y de truchas.
Hogar de espíritus libres, rebeldes e inconquistables.
Respirar tus vientos es asomarse a paisajes  ya olvidados por el tiempo.

Embarrar mis pies en las nacientes de tus ríos es despertar a un mundo insoslayable.

Achala…dueña de corazones intrépidos y valientes.

Estas son las reflexiones que inundan mi memoria cada vez que vuelvo a trepar por algunos de los cientos de pliegues y pendientes que sirven de acceso a este lugar único en el mundo.

Y como tantas otras veces, hace unos días atrás, esta vez junto a Roberto Perez, Lucas Faoro, Aquiles Devetter, y  Sebastián García volvía a ascender a este tan querido paraje, pero para mi sorpresa la travesía se detuvo justo a la altura de uno de estos repliegues que descienden en caída casi vertical a los valles cordobeses.

El destino elegido estaba a cargo en esta oportunidad de Aquiles y Sebastián. Un arroyo que quizá por el destino o por el azar, más por azar que por destino, a quedado olvidado de todo mapa y recuerdo. Un arroyo al que ni sabemos el nombre, si es que tuvo alguna vez.

Bien temprano a la mañana, alrededor de las 6.30 a.m. ya estábamos armando los equipos y revisando los chalecos.
De más está decir que para acceder a tan remoto paisaje la caminata demanda un buen rato, pero entre charlas, risas, silencios de respiraciones entre cortadas, y conversaciones que van tomando forma entre susurros casi inaudibles, como sí no quisiéramos despertar a las piedras aún dormidas, por fin hundíamos los pies en la cristalina corriente cuando la luz del sol apenas asomaba tímida por encima del laberinto de farallones de roca que dominaban el paisaje.
Ahogados y extasiados por tanta inmensidad atamos las primeras moscas a nuestros tippets.
Ahora bien, este arroyo serrano no presenta un caudal importante y sumado a esto  la vegetación circundante es bastante tupida, por lo que decidí comenzar a pescar con un líder más bien corto y la mosca elegida fue un adulto de caddis
Debido a la geografía del lugar decidimos separarnos. Aquiles y Lucas pescarían río arriba y Roberto, Seba y  yo lo haríamos río abajo.
Los primeros resultados se hicieron esperar un buen rato ya que durante los primeros cuarenta minutos tuvimos algunos piques que no pudimos concretar en captura. Situación  que debido a mi naturaleza se transforma rápidamente en ansiedad y frenesí poco menos que insoportable.
Las tomadas se daban de manera muy veloz y en ocasiones con mucha timidez, quizás, el motivo de este comportamiento fuese el temor a los predadores, propio de los salmónidos que habitan cauces estrechos y encajonados.  A raíz de esta reflexión cambié de mosca y la elegida fue esta vez una pequeña damsel en # 14.

La primera trucha no se hizo esperar y a continuación le siguieron varias capturas. Cada cual más vistosa.

Quedé realmente sorprendido ante la pigmentación de estas Arco Iris. Sin duda la vegetación del fondo, y el hecho de que el arroyo permanezca en sombras durante gran parte del día, debido a los acantilados que lo rodean, produce en la epidermis de estos peces colores realmente bellísimos.La mañana fue transcurriendo rápidamente, pero todo lo que podíamos ver del cielo era una cinta celeste muy por encima de nuestras cabezas, como una puerta apenas entornada que solo deja ver remotos retazos de un mundo absolutamente desconocido por lo mortales.

Así fue que hacia mediodía, mientras seguíamos descendiendo, llegamos a un pozón de aguas cristalinas y muy hondas. En esta ocasión alargué el líder a unos tres metros y el artificial seleccionado de mi caja resultó ser una tucura en #12.

La anatomía y movimiento del engaño arrojó un cien por ciento de efectividad, con la salvedad que no reparé en el estado del tippet al cambiar de mosca.  Por supuesto que pueden imaginar lo que ocurrió a continuación.

En cuestión de segundos un hermosísimo pez volvía a su refugio llevándose mi hermosa tucura con tippet incluído…..por cierto: era la única imitación de este tipo que tenía en mi caja.

Imprecaciones verbales de por medio, que durante un buen rato me mantuvieron ocupado, me dispuse a emprender la retirada al punto del río donde debíamos encontrarnos todos para ascender de regreso a los vehículos.

Aquiles en su jornada río arriba, entre otras capturas, logró un precioso macho que por supuesto fue devuelto, como el resto de las piezas cobradas.

 


 A la hora del retorno la caminata de vuelta costó un poco más, ya que si bien no caminamos demasiado durante las horas de pesca, el sol recién había sobre pasado el zenit…y este verano que hoy está transcurriendo por nuestras vidas es particularmente caluroso….muy caluroso.

 

 Enrique de Goycoechea
( El Duende)
 
 

 

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Última actualización el Martes, 01 de Septiembre de 2009 16:29