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 Volvimos desde Esquel y Trevelin, luego de un viaje entre accidentado y dificil, en donde fuimos obligados por la naturaleza a mejorar nuestras técnicas y agudizar los sentidos. De todas formas, la pesca siempre esta en uno de los mas maravillosos paisajes que nos puede ofrecer nuestro sur.
Y partimos hacia el sur. La temporada había empezado y esperamos a último momento para saber nuestro destino. El porque fue simple: tener la certeza de que los lugares que visitemos estén mínimamente pescables. Averiguamos durante toda la previa el estado de los ambientes, sobre todo por los comentarios recibidos de los que arrancaron la temporada, que nos decían que las últimas lluvias y tardías nevadas, habían cargado de agua casi todos los ríos y lagos. El destino nos clavó como itinerario Esquel y el Parque Nacional Los Alerces, así que se fijó el rumbo sur y salimos a la ruta ya pensando en donde íbamos a comenzar con la pesca.
El Rivadavia
Y el arribo se hizo a la madrugada, bajo una lluvia que nos acompañó durante toda la noche, en el camping organizado del Lago Rivadavia. Temprano a la mañana, con un frío que penetraba hasta los huesos, iniciamos la caminata hasta la boca, pero ya sabiendo, por lo que vimos con las primeras luces del día, que la cosa no venia fácil: El lago estaba casi desbordado, sin ninguna playa, donde la orilla llegaba hasta la línea de árboles de la costa. El río, entonces, no iba a ser la excepción y pudimos corroborarlo minutos después, cuando empezamos a bordar este hermoso río, que dicho sea de paso, uno de mis preferidos tanto para pescar, como para admirar y fotografiar. Y si, yo soy de los que piensan que siempre se puede pescar, siempre. Que todo depende de las técnicas que usemos, de que dejemos de lado los preconceptos y que nos animemos a experimentar, a abrir la cabeza y buscar alternativas. Pero también cuando uno se para en la orilla del río, y no ve forma de que la mosca pueda profundizar, que no quede lugar para un lanzamiento por más mínimo que sea, se hace difícil llevar a la práctica lo que uno piensa. Pero se pudo, luego de buscar y andar por el barro, probar en resquicios que va dejando la vegetación, pude entrar un poco antes de la confluencia con el arroyo Colehual, en un largo flat de profundidad pareja, y no sin esfuerzo debido a la correntada. Pero el shooting cayó al agua, la mosca profundizó, y los resultados comenzaron a aparecer: En un breve lapso, pudimos cobrar algunas truchas y hasta me di el lujo de sacar un pequeño salmón.
El secreto estuvo en hacer llegar la mosca bajo los árboles de enfrente y si la deriva se lograba correctamente, las posibilidades se agrandaban. El tema era lograr eso, con el agua corriendo fuerte a la altura de la cintura, con un shooting de hundimiento rápido. Buscamos otros lugares, como para variar, y hasta tratamos de llegar a los canales del mallín, pero se hizo imposible. Así que optamos por levantar el campamento al otro día y seguir rumbo hasta Esquel, en donde quizás tendríamos otras alternativas menos complicadas.
El Corco dice NO
Ilusionados con pescar un río que cada vez que fui, me dio alegrías. Rumbeamos para el sur y fuimos al encuentro del Corcovado, uno de los que nunca nos dejan con las manos vacías. Pero la primera vez, las alegrías no llegaron ya que su caudal y su conformación, hicieron imposibles hasta los intentos de lanzamiento. Solo atinamos a salir del auto, mirar y sentarnos de vuelta en el mismo para descansar de los Km. por el ripio y emprender la vuelta.  En el camino de regreso, optamos por hacer una parada en el Nant y Fall, para poder por lo menos, pescar la última hora del día, y ver si la cosa estaba como para dedicarle un día completo. Casi con hora y media de luz hasta que el día se despida, armamos rápidamente las cañas y sin siquiera calzarnos los waders, hicimos unos tiros en la cercanía del puente de la ruta. Algunas truchas chicas pudieron ser pinchadas, pero nada que nos pueda saciar las ansias de pesca en serio. Pero sirvió para algo positivo: el arroyo estaba pescable, así que programamos para otro día, dedicarle más tiempo y en los lugares que son realmente rendidores de este curso.
La Willimanco
La parada obligada para todo pescador que va a Esquel, es la laguna Willimanco. Por la cercanía, por lo lindo del lugar y porque siempre existe la posibilidad de sacar unos buenos zapallos que a uno siempre le alegran el viaje. Fuimos a la tarde a pescar, luego de tratar de sortear algunos inconvenientes de nuestro automóvil, así que el objetivo fue sacarnos la mufa de encima. Nos llevo nuestro Guía y Amigo, Walter Ruiz (a.k.a. el Pelado), con una premisa: sacarle a este espejo algunas truchas en lo que quedaba de la tarde (que era poco). Un buen desafío para olvidar pálidas.
Y así arrancamos, y luego de llegar, armar el belly boat y la balsa, empezamos hacer nuestros cast. Era un día ideal, cómodo para pescar, poco viento, temperatura agradable. Faltaba nada más un buen pez en la punta de la línea. Y eso hubo. Al rato de empezar a pescar el veril, una linda AI gorda se prendió de la mosca de Juan (a.k.a. Piki). Yo en cambio, un par de piques fallidos, una linda prendida pero con “devolución prematura” y mucha bronca. Pero el objetivo se cumplió.

Joel con el belly también sacó una en los juncales, y hasta Fernando, vadeando la zona del flat, también pinchó una y tuvo unos piques fallidos más. Todo esto, en escasas dos horitas y monedas. Nada que reprocharse. El objetivo estaba cumplido.
Regreso al Nant y Fall
Volvimos al “Nanty”. Nos habíamos llevado una buena impresión el día que fuimos a la tarde. Si bien estaba desbordado, se podía pescar bien, ya que al no ser en la parte superior, un río típico de montaña, el agua no corre tan rápidamente como si sucedería en un río de esas características. Consta de una primera parte, comenzando desde el puente y yendo río arriba, en los cuales la vegetación dificulta bastante el acceso. Pero luego de una caminata a través de ella, se llega a una gran llanura en medio del valle, que termina en el lago Rosario. Allí, el Nant y Fall, si no fuera por el color del agua transparente y los cerros de fondo, nos haría pensar que estamos en la provincia de Buenos Aires.

Alberga truchas realmente grandes, para el tamaño que representa este arroyo. Pero también es muy difícil, hay que hacer las cosas muy bien para poder pescarlo en forma satisfactoria.
Comenzamos tratando de pescar con algunas ninfas pequeñas, luego se nos fue acabando la paciencia y pasamos a las cachuflys, y por ultimo, puse la famosa “bala de plata” para estos casos. La “levanta muertos” como le digo… la Chernobyl Ant.
Y así fue como al segundo tiro, subió a tomar la mosca un arco iris impresionante. Salió del fondo oscurecido por la profundidad, y lentamente analizó la mosca. A los 2 centímetros de su boca, la mosca se movía a pequeños tironcitos. La miró, mi corazón se paró y el escalofrío corrió por la espalda… Luego, un insulto que recorrió mi cabeza y que me hizo morder la lengua. Habia pegado media vuelta y se perdió como un fantasma entre las algas.
Pero no me decepcioné e intentando con distintas técnicas, pude en una zona bastante ancha, tentar un lindo macho de AI, con una Muddler Minnow. Mis amigos también pudieron darse el gusto de sacar alguna, y darse por satisfechos por ese día. Seguíamos peleándola contra las malas condiciones. Y el que se esfuerza, casi siempre tiene su recompensa

Cholila y Lago Verde
Por último, visitamos el pueblo de Cholila. Hermoso lugar, pintoresco. Pero el objetivo era el lago homónimo. Luego de varios Km. de ripio en aceptable estado, llegamos a la boca del Carrileufu. Ver ese lugar en diciembre, es garantía de emoción. En todos los viajes siempre me sucede lo mismo. Llego a un lugar, en donde me resulta tan placentero verlo, que te emociona. Te deja con la boca abierta. Flores por doquier, cerros de fondo, el lago con una paleta de colores que van desde el verde esmeralda hasta un azul difícil de describir. Y encima, en ese lugar, se puede pescar. Que increíble, no?  Con paciencia, armamos los equipos y nos metimos hacer los primeros casts. Un buen rato pescando la desembocadura de un arroyo tributario, nos dejo un saldo negativo. Asi que enfilamos para la boca propiamente dicha, en donde Fernando no demoró en sacar un par de percas de buen tamaño. Joel y Piki también tuvieron respuestas pero no pudieron capitalizar los piques. Asi se fue pasando la jornada, hasta que decidimos cerrar el día pescando a última hora, el Lago Verde, dentro del Parque Nacional.
Luego de un viaje que alternó fotografías y mates, llegamos a tirar los últimos cartuchos del viaje. El lago, hasta la coronilla de agua, nos dificultaba bastante la pesca de costa. Armamos el belly y comenzaron los lances. Enseguida, Piki se hizo de una flaca pero larga AI, que presentó la curiosidad de faltarle un ojo. Fernando sacó otra allí cerca, mientras que Joel y yo insistíamos en los juncales con el belly. Pero la insistencia no dio frutos, así que terminamos la tarde con el Shore en 0.
Y nos volvimos. Con el leve sabor amargo de no haber hecho una pesca destacable, pero con el sabor dulce de poder aprender más, de saber que se hicieron bien las cosas, porque cuando las condiciones son desfavorables en los ríos patagónicos, lo normal es que uno se vuelva con las manos vacías. Y por suerte, siempre alguno tuvo buenos resultados.
Equipos y agradecimientos
Se usaron cañas #4, #5 y #6, con líneas de flote WF y líneas de hundimiento del tipo Sinking Tip (24’ de hundimiento). Shootings Tapers de hundimiento VI para las cañas #5 y #6
Moscas:
Ninfas: Pheasant Tail, Cachufly, Prince, Zug Bug, Brassie, Ninfas de Damsel y larvas de caddis, Secas: Chernobyl Ant, Stimulator, Goddard Caddis, Adams Parachute, No Hacle y Royal Trude Streamers: Rabbits y Matukas en distintos colores (generalmente oscuros), Marabou Muddler, Muddler Minow y bucktails

Agradecimientos:
Un especial agradecimiento al Pelado Ruiz, que nos dio una mano impresionante, y con el cual, aprendimos muchisimo de cómo pescar bien y ser un buen tipo. A Pablo Coronado, que nos hizo el aguante con el móvil, que no quiso más Lola y hasta postergó compromisos personales por ayudarnos a solucionar el problema. A la gente de Esquel que siempre nos trata de maravillas y todos los años nos regala nuevos amigos.
Buena pesca para todos!!

Seba
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